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близу Peraleda de San Román, Extremadura (España)

Esta ruta, que parcialmente coincide con el camino natural que une Peraleda de San Román con Bohonal de Ibor y Mesas de Ibor, y que está debidamente señalada como tal, nos adentra y nos da a conocer uno de los paisajes más habituales de la zona de las vegas: los olivares. El interés de esta ruta radica no sólo en la visita "La Puente" viejo sobre el Río Gualija sino el paso por el antiguo asentamiento de San Román, población que fue abandonada a mediados del siglo XVI.
Dejamos Peraleda de San Román por la esquina suroeste, bien por la calle San Pedro o desde cualquier otra calle que desemboque en la Travesía General Castejón. Desde Peraleda hay poco más de dos kilómetros. A la salida del casco urbano la ruta se inicia en una carretera asfaltada que discurre entre paredes de pequeñas explotaciones agrarias. Nos encontramos con varias bifurcaciones a derecha e izquierda pero seguiremos siempre por el camino de frente.Tras medio km hay un cruce que debemos tomar a la derecha para ir descendiendo por una vertiginosa pista en perfecto estado. Desde la misma se puede apreciar la belleza del valle al fondo que nos ofrecen las Vegas del Gualija.
Hasta las Vegas del Río Gualija, el camino seguirá con un perfil de bajada prolongada y trascurrirá entre vegetación baja y encinas y algún alcornoque que domina todo el trayecto inicial. A la altura del km 2,5 aproximadamente, en una curva pronunciada, nos encontramos con la Fuente de los Nebrillos. Seguimos descendiendo y nos volvemos a encontrar con explotaciones de olivos. Pronto surge a nuestro paso una desviación a la derecha, que tendremos que tomar para, ya por terreno llano y entre cultivos de olivares, acercarnos hasta los restos de un molino a las orillas del Río Gualija; y pocos metros más allá, y tomando una vereda que sale a la derecha del camino principal a la altura del Puente el Almendro, llegamos La Puente Gualija –también conocido como Puente Romano-, construcción en piedra y ladrillo que nos remonta al pasado.
El puente aprovecha el estrechamiento que forman dos grandes afloraciones rocosas ennegrecidas por el agua en la que se asientan sus arranques o pies. La Puente es de un solo ojo de gran altura realizado en ladrillo, lo que nos indica que en ocasiones tiene que soportar grandes avenidas. El relleno del puente es de un conglomerado de piedras de distintas dimensiones y el remate lo componen grandes piedras de granito que conformas el pretil del mismo.
El cauce del río suele llevar poca agua en periodo estival. Lo atravesamos y tomamos el camino de la izquierda que discurre al lado del río. En la margen izquierda de dicho río nos encontramos con pequeñas fincas en primer término y montes de encinas y algún montículo rocoso en la distancia. Es habitual encontrarse con algún rebaño de cabras paciendo en las márgenes del río.
En este punto abandonamos el Camino Natural que nos llevaría a Mesas de Ibor para continuar por un camino tranquilo y sin ninguna dificultad paralelo al río. Caminamos siempre siguiendo el cauce del río por un lado y junto a los mencionados olivos y los alisos y fresnos que hay a lo largo de la rivera. Medio km más adelante nos encontraremos con un badén que nos devuelve a la margen derecha del río, una vez atravesado éste, y dirigiéndonos hacia el norte,empezaremos a ver restos del antiguo pueblo de San Román. Dicho pueblo fue abandonado en por sus pobladores en el trascurso siglo XVI. Las razones del abandono no están claras, lo que si se sabe es que gran parte de sus pobladores se trasladaron a Peraleda y, trascurrido el tiempo, Peraleda añadió a su nombre el de San Román (1842) como reconocimiento a los pobladores que incrementaron su censo.
Poco a poco van apareciendo los restos de edificaciones que han sido perdonados por el tiempo. Se dice que fue un enclave romano, aunque no se descartan otros posibles asentamientos anteriores. Se han encontrado varias lápidas romanas y otros elementos tales como sillares, lo que parece un miliario… Algunos de los restos existentes: piscinas para lavados, casas de grandes dimensiones con diseño relacionado con la industria minera, nos hace pensar que una de las actividades principales del enclave era la minería.
Nos encontramos con restos de casas, entre las cuales habría que destacar una construida con grandes piedras y que cuenta en su interior con una pequeña hornacina rodeada por grandes piedras
Los restos más visibles y mejor conservados se corresponden con la Iglesia de San Román de la que queda en pie una de las paredes, la que haría de frontal de entrada al templo. El lienzo que se mantiene en pie es mucho más ancho que los arranques de los muros laterales. Queda una gran puerta en la podemos apreciar la robustez de la ruina.
En las inmediaciones podemos encontrar otros muchos restos tales como ruedas de molino, una piedra que podría ser un miliario y piedras a modo de sillares… todo ello cincelado en granito, la piedra más abundante en todo el entorno.
Se aconseja ser prudente en la zona dado que existen varios pozos y escombreras relacionadas con la explotación minera que existió. Por ello la zona está vallada parcialmente para evitar posibles peligros y riesgos.
La vuelta al pueblo la hacemos por el mismo camino.

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