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близу Almería, Andalucía (España)

En la vida, si no tienes amigos estás “vendío”. A los que nos gusta la bici, y además tenemos amigos, tenemos media semana ganada…

Amigos que están más fuertes que tu… Hacen falta. No hay que perderlos de visa. Son las liebres.
Amigos que no están tan fuertes como quisieran … Imprescindibles. La bici tiene mucho de social. Y lo sabes.
Amigos que sólo bajan… Necesitan tiempo para subir. Pero no te despistes a la vuelta…

Pero si encima tienes un amigo que es… grande…. Entonces lo tienes todo. Cuando se te pasa una locura por la cabeza, sólo tienes que ir a proponérsela a ese amigo que te saca medio cuerpo. No te dirá que no. Vamos. Estaría bueno….

Así es que pensando cuál sería una buena forma de empezar el año, se me ocurrió darle la vuelta a Almería con la bici de montaña. A mi manera: Subir al Puntal de Sierra Alhamilla, ir al Colativí, Y luego bajar por Turrillas, disfrutar de la Via Verde de Lucainena antes de llegar a la Venta del Pobre, para después del café de rigor, buscar Fernán Pérez que enseña los campos del Cortijo del Fraile. Foto de rigor. Y dirección a Rodalquilar, para subir al faro de la Polacra, Rodalquilar de nuevo, San José, Velablanca, Cabo de Gata, Retamar y Almería. Unos 180 kilometros….

Mi amigo Francisco Viñambres Sanchez, Paxi, tiene que tener en el Watsahp un tono especial para cuando le mando algún mensaje con el texto de “rutón” porque no le importó que no le dijera por dónde iría esa rutilla que se me estaba ocurriendo. Solo le tuve que decir que serían muchos, muchos kilómetros para arrancarle el si incondicional, jajjj.

Sábado, día 10 de enero a las 7:30 am. Salimos diez minutillos más tarde por culpa de un bote mal cerrado que derramó todo el acuarius que llevaba el grandullón en la mochila… Así es que chaqueta fuera de la mochila a ver si seca antes de que haga falta, y en marcha. No le hizo falta. Bueno si, en el bar cuando ya estábamos en Almería. Se destempló, jajjj

Ya de entrada nos iba dando un airecillo en el morro que cada vez se iba volviendo más molesto conforme nos alejábamos de Almería. Hasta el Minihollywood lo llevamos de frente. Pero no nos dimos cuenta de lo que nos había frenado hasta que llegamos a las antenas. Bromitas y fotos, y camino al Colativí. No íbamos a pasar de largo, ya que estábamos ahí mismo, sin subir. Total… “parriba”, unas fotos, y media vuelta.

La bajada, buena y rápida hasta Lucainena de Las Torres. A partir de ahí, es picandillo hacia abajo, pero el puñetero viento nos obligó a pedalear todo el rato. Llegamos a la Venta del Pobre, después de dejar atrás el antiguo trazado del tren convertido ahora en esa estupenda “via verde” para ciclistas y senderistas. Café y repostaje de agua y Monster de esos para Paxi…

Seguimos en busca del siguiente pueblo o punto de paso: Fernán Pérez. Llegamos rápido. Pero justo antes de llegar pegamos el apretón del día para cazar “al de rojo”: Un pobre hombre que iba con su bici de carretera vestido de rojo…. No quiero pensar el susto que se llevaría cuando viera cómo le pasó Paxi. Hasta yo me asusté. Jajjj.

Y llegamos al Cortijo del Fraile. Foto y a Rodalquilar que es tarde. Al llegar, decidimos no subir al Faro de la Polacra, en el cerro del Lobo. Llevabamos una hora larga de retraso y solo íbamos a acortar la ruta en unos diez kilómetros…. Así es que, con tal de llegar con el sol puesto, decidimos “sacrificar” esa subidita. Se ha quedado anotada….

Y menos mal que decidimos ahorrar el esfuerzo, porque nada más asomarnos al mirador de las Amatistas, el viento nos estuvo volviendo la cara del revés hasta San José. Solo de pensar que ese viento lo llevaríamos hasta Almería nos hundió anímicamente porque todavía quedaban muchos kilómetros de pedaleo…

La entrada en San José fue de fiesta. Cayeron dos tubicos de cervecita con sus tapicas de lomo que, a mi al menos, me dieron la vida. A Paxi le sentó mal el lomo, dice. Pero yo creo que el fallo estuvo en que tomó la cerveza sin alcohol…

Afrontamos la subida de Velablanca mentalizándonos en que justo al coronar nos estaría esperando Eolo para darnos en la boca. Pero la suerte es que, aunque soplaba Poniente, no molestaba tanto como a la salida de Rodalquilar. Eso, o que la cerveza hizo su efecto.

A la entrada de La Fabriquilla mis gemelos me avisaron de que ya me estaba pasando. Así es que en Cabo de Gata me comí el plátano que llevaba en la mochila que, dicho sea de paso, podía haber dejado en mi casa porque no necesité la chaqueta que llevaba en ella en previsión del frio que podía pasar a primera hora o en la cumbre de Sierra Alhamilla. Ya no volvería oir renegar más a las piernas… Eso o que no se oían porque el que renegaba era todo el cuerpo…

Por fin llegamos a Almería con el sol puesto.

Otro rutón a la mochila.

Otra locura que no se puede hacer si no tienes amigos grandes. Grandes amigos.

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    You can or this trail